Sabemos que el deseo de toda persona es prosperar en lo que se proponga, un negocio exitoso, una familia unida, un crecimiento personal, sin embargo, alguna vez nos hemos preguntado ¿Por qué llevo años estancado en la misma situación y Dios no me prospera como prometió?

Recordemos que el deseo de Dios es que te vaya bien en todo, pero esta premisa es válida sólo si entendemos la palabra obediencia.

“Mis acciones determinarán si me irá bien o me irá mal en mi vida.”

Isaías 1:16 dice: ¡Dejen ya de pecar! ¡No quiero ver su maldad! ¡Dejen ya de hacer lo malo y aprendan a hacer lo bueno!

¿Qué acciones y pensamientos están obstruyendo la bendición que Dios quiere para ti?

Realiza un examen de conciencia y piensa en todas aquellas acciones que cometes a diario que te está alejando de Dios.

Reflexiona:

¿Qué decisión debo tomar para que me vaya bien?

¿Si Dios promete prosperarme por medio de mi obediencia entonces qué aspectos de mi vida están desobedeciendo a Dios?

¿Tenemos malas costumbres heredadas de nuestra familia que debemos cambiar?

¿Existen actitudes de nuestro circulo de amistad o modos de vivir que no reflejan a Jesús en mi vida?

¿Cómo pretendemos bendición si no hacemos nuestra parte?

Recuerda que la clave es apartarte del mal para que prosperes.

Isaías 1:16-19 dice: Si tan solo me obedecen, tendrán comida en abundancia.

El obedecer a Dios, el guardar su palabra y cumplir sus mandamientos hará que te vaya bien.

Recuerda que Dios no nos obliga a nada, la bendición estará en camino siempre y cuando tú deseas. Si tú quieres y oyeres la voz de Dios te irá bien.