Disciplinar con firmeza y ternura

La disciplina ha caído en estigma en algunos círculos al punto que se han establecido propuestas como el de permitir total libertad al ser humano para que aprenda por experiencia y eliminar toda influencia de adultos así como de principios y valores llevándonos a crear ideales que contradicen y generan seres infelices y sin rumbo.

Parte de los argumentos en contra de la disciplina proviene de la aplicación de castigos cargados de odio, resentimientos, y la repetición de modelos de crianza basados en la violencia. Ante esto muchos han preferido dejar en amplia libertad y eliminar toda barrera en la vida de sus hijos e hijas incluyendo la disciplina.

¿Se puede disciplinar con ternura y sin hacer daño? A esta inquietud podríamos responder comparando con un aforismo campesino que dice: “Lo que se siembra se cosecha”; la disciplina hecha con amor buscando el buen crecimiento de nuestros hijos e hijas es como cultivar con afecto una linda planta que luego se volverá un frondoso árbol. Lo contrario también es cierto, que si aplicamos castigo con ira y violencia generaremos rencor, resentimiento y rebeldía; igual a descuidar una planta que no crecerá adecuadamente, no dará los frutos esperados y se echará a perder. He ahí el valor de la disciplina.

La disciplina es un elemento pedagógico en el crecimiento de nuestros hijos e hijas que debe ser realizado con amor.

Y ustedes padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor –Efesios 6:4

Si creemos en un Dios de amor, entonces debemos disciplinar con gestos que reflejen amor, afecto y ternura; signos que comunican a nuestros hijos e hijas al Dios que nos ama tiernamente y que anhela lo mejor para ellos. Y no disciplinarlos es perderlos.

Por: José Bagua, World Vision

By | 2017-05-11T10:46:47+00:00 Abril 11th, 2016|Familia|0 Comments

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