Educar a los hijos con la ayuda de Dios

Una atribulada madre escribió a nuestro ministerio pidiendo consejo. Su hijo de 17 años estaba inmersos en las drogas, observaba un comportamiento licencioso, robaba con sus amigos y el día que quiso reprenderlo, amenazó con golpearla. “No sé qué hacer con este muchacho“, decía.

Cuando indagamos respecto a la crianza, descubrimos que fueron permisivos y consideraban que darle una zurra moderada cuando cometía algún error deliberado, lo traumatizaría. Y allí estaba esta señora viviendo su propio drama. El padre se limitaba a callar porque en la adolescencia ella tomó las riendas y no lo dejaba opinar sobre la disciplina que deberían imponerle. Ahora él simplemente se marginaba del asunto.

Educar a los hijos no es nada fácil. Por momentos llega a resultar complejo. Incluso, podría enfrentar a los padres. Sin embargo, es una responsabilidad que debemos asumir en pareja. No podemos caer en los excesos al castigarlos ni tampoco en la sobreprotección. No debemos creer que deben ser “perfectos” pero tampoco pasar sus errores por alto sin advertirles que están fallando y que esos errores siempre desencadenan consecuencias en su vida y en las de otras personas.

Las especialista, Julie Lythcott-Haims, asegura que la crisis familiar de nuestro tiempo está llevando a que los padres quieran volver a los orígenes de cómo debería ser la crianza de los hijos. Piensan más en ellos pero se han ido al extremo al pretender que se comporten como adultos, sin vivir sus propias etapas.

De acuerdo con la especialista, hay un desequilibrio al momento de educar a los hijos, no les enseñan principios y valores, a planificar su futuro ni tampoco a enfrentar sus propios problemas para que sean responsables y autónomos.

Dice Julie Lythcott-Haims, que: “En ocasiones me tocó recibir a algunos padres que iban en representación de sus hijos, muchos de ellos graduados de colegio ya las puertas de entrar a la universidad, porque eran muy tímidos” (Citada por la Revista Semana. 12/07/2015. Colombia. Edición digital)

La clave está en formar a nuestros hijos bajo sólidos cimientos, tomados de la Biblia y que han probado su eficacia por siglos. En esta dirección, estaremos atendiendo la recomendación del apóstol Pablo:

“Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.” (Efesios 6:4)

Observe cuidadosamente que el autor sagrado alude a la crianza de los hijos en disciplina–corregirlos cuando fallan–pero también en la amonestación del Señor, es decir, enseñarlos a caminar de la mano de Aquél que transforma vida y nos lleva a la realización plena en todos los ámbitos.

Cuando los hijos reciben la debida formación y corrección a tiempo, podrán enfrentar la vida y en cada paso que den, acudirán al Señor en procura de guía. Esa es la ruta más sencilla pero al tiempo la más eficaz para criar a los hijos.

La disciplina es esencial, de acuerdo como lo enseña la Palabra. El rey Salomón, hace muchos siglos, escribió que la necedad forma parte de los niños y adolescentes y que, en tales circunstancias se deben reprender:

“La necedad está ligada en el corazón del muchacho: mas la vara de la corrección la alejará de él” (Proverbios 22:15).

En otro pasaje el sabio monarca de la antigüedad recomienda:

“El castigo purifica el corazón” (Proverbios 20:30).

¿Cometemos un error como cristianos cuando los corregimos? Por supuesto que no. Las Escrituras abordan el asunto con las siguientes palabras:

“La vara y la corrección dan sabiduría” (Proverbios 29:15).

Sobre esa base podemos asegurar que disciplinar a los hijos con sabiduría los aleja de la necedad, les trae cambio en el corazón–su forma de pensar y de actuar–y les edifica en sabiduría.

Lo grave es que nadie nos enseña a ser padres. Es algo que aprendemos en el camino porque la Universidad no nos prepara para ser sabios y edificar a los hijos. Sin embargo hay solución: Involucrar a Dios. Cuando Él ocupa el primer lugar en nuestro hogar, en nuestra relación de pareja y en el papel que jugamos como tutores de los hijos, todo cambia. Obramos sabiamente porque Dios mismo es sabio. Es importante que le abramos al Señor las puertas de nuestra familia. Hoy es el día para hacerlo.

Si no ha recibido a Jesús como su Señor y Salvador, hoy es el día para que lo haga. Podemos asegurarle que si Cristo mora en su vida, podrá avanzar en el crecimiento personal, espiritual y familiar que siempre ha anhelado. ¡Usted necesita a Cristo en su corazón!

Por Fernando Alexis Jiménez

By | 2017-05-11T10:46:53+00:00 noviembre 30th, 2015|Familia|0 Comments

Leave A Comment