¿Cómo es posible que una joven tan linda como tú no se haya casado todavía?

¿Será que hay algo extraño en ella porque no ha encontrado esposo?

Tal vez has escuchado estas frases y te has preguntado si realmente hay algo mal en ti, permitiendo que estas ideas definan tu identidad y valor personal.

Desafortunadamente, muchos piensan que estar soltero es algo que necesita solucionarse, cuando en realidad, la soltería no es un problema ni algo malo. La Biblia enseña que la soltería es un regalo de Dios.

Pensar que la soltería es un inconveniente es un error y muestra un problema más profundo. Te invito a reflexionar sobre por qué esta idea es incorrecta y qué dice sobre nosotras.

Hay muchas personas que consideran que la felicidad plena se encuentra en el matrimonio, lo cual no es cierto. Al pensar de esta manera, estamos colocando el matrimonio en el lugar de Dios, lo que no es bíblico. Aunque el matrimonio es bueno y es un regalo de Dios, no es la mayor bendición que podamos recibir. Jesús es nuestra mayor bendición.

El problema surge cuando el deseo de casarnos se convierte en nuestra adoración, cuando depositamos nuestra esperanza en ese anhelo, cuando pensamos que el matrimonio es lo que necesitamos para ser felices, cuando nos sentimos incompletas por no estar casadas. Si esto sucede, hemos elevado la relación matrimonial a la categoría de bien supremo.

Aunque el matrimonio es bueno y un regalo de Dios, no es la mayor bendición que podamos tener. Jesús es nuestra mayor bendición. Si estás soltera, tu soltería no te define ni te da identidad. Tu identidad proviene de tu unión con Cristo, no de ninguna unión terrenal.

Ningún estado terrenal define quiénes somos. Nuestra identidad está en lo que Jesús ha hecho por nosotros y en nuestra eterna unión con Él. Es precisamente por nuestra unión con Él que podemos decir que, en Jesús, nuestras vidas están completas, como nos dice Pablo: «y ustedes han sido hechos completos en Él, que es la cabeza sobre todo poder y autoridad» (Col 2:10).

Si estás soltera, tu soltería no te define ni te da identidad. Tu identidad proviene de tu unión con Cristo, no de ninguna unión terrenal. Cada etapa en la que nos encontramos tiene propósitos diferentes y formas distintas en las que podemos reflejar a nuestro Señor.

Tu vida ya está en curso y tienes la oportunidad de servir a Dios y honrarle en el lugar en el que Él te ha puesto, y en el estado civil en el que te encuentras ahora mismo. Por Cristo y en Cristo, te animo a vivir tu soltería en plenitud: buscando a Dios con diligencia, sirviendo a Su reino con todo lo que tienes, dedicándote a los demás con tu tiempo y recursos, recordando en todo momento quién eres en Jesús y tu perfecta unión con Él.

 

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