¿Cómo enseñar a los niños a leer la Biblia desde pequeños?

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¿Cómo enseñar a los niños a leer la Biblia desde pequeños?

Durante el Mes de la Biblia, no solo celebramos el privilegio de tener acceso a la Palabra de Dios, sino que también podemos preguntarnos: ¿estamos enseñando a nuestros niños a amarla y conocerla?

Proverbios 22:6 dice: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”.

La educación bíblica no tiene que comenzar cuando un niño ya puede leer perfectamente. Desde sus primeros años podemos acercarlo a las historias, enseñanzas y verdades de la Biblia de una manera adecuada para su edad.

¿Desde qué edad podemos enseñarles la Biblia?

Desde muy pequeños. Incluso antes de aprender a leer, los niños pueden familiarizarse con la Palabra de Dios escuchando historias bíblicas, canciones, versículos cortos y conversaciones acerca de Dios. Deuteronomio 6:6-7 muestra precisamente una enseñanza que forma parte de la vida cotidiana:

“Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos…”

La enseñanza bíblica no comienza necesariamente sentando al niño frente a un texto durante una hora. Puede comenzar mientras juega, antes de dormir, durante una comida o a través de una sencilla oración.

5 maneras de fomentar el amor por la Biblia en los niños

1. Adapta la enseñanza a su edad

Un niño pequeño probablemente no mantendrá la atención durante una lectura extensa. Puedes utilizar Biblias infantiles, ilustraciones, canciones, dramatizaciones o contar la historia con tus propias palabras. A medida que crezca, puedes incorporar lecturas más largas y ayudarlo a utilizar una Biblia completa.

2. Empieza con historias que puedan recordar

Noé, David y Goliat, Daniel en el foso de los leones, Jonás, la creación o los milagros de Jesús pueden convertirse en excelentes puntos de partida. Pero procura ir más allá de simplemente contar qué ocurrió. Pregúntale: ¿qué aprendemos de Dios en esta historia? Así ayudamos al niño a comprender que la Biblia no es solamente una colección de personajes interesantes, sino la Palabra que nos permite conocer quién es Dios.

3. Haz preguntas

En lugar de explicar absolutamente todo, permite que el niño participe. Puedes preguntarle:

“¿Qué fue lo que más te gustó de esta historia?”, “¿qué habrías hecho tú?”, “¿qué aprendiste acerca de Dios?” o “¿cómo podemos poner esto en práctica hoy?”.

No importa si sus respuestas son sencillas. Lo importante es ayudarlo a pensar en lo que acaba de escuchar.

4. Crea una rutina sencilla

No es necesario comenzar con largos devocionales familiares. Cinco o diez minutos pueden ser suficientes. Por ejemplo, antes de dormir pueden leer unos versículos, conversar sobre una enseñanza y terminar haciendo una oración juntos.

La constancia puede ser mucho más importante que intentar hacer una actividad extensa que después resulte difícil mantener.

5. Permite que te vea leyendo la Biblia

Los niños aprenden mucho observando.

Podemos decirles que la Biblia es importante, pero cuando ven a mamá, papá o a los adultos que los rodean leerla, estudiarla y aplicar sus enseñanzas, reciben un mensaje todavía más poderoso. La educación bíblica también ocurre a través del ejemplo.

No se trata solamente de que conozcan historias

Podemos enseñarles quién construyó el arca, quién derrotó a Goliat o quién estuvo dentro de un gran pez. Pero el propósito de la educación bíblica debe ir mucho más allá. Queremos que los niños conozcan a Dios, comprendan el mensaje de las Escrituras y aprendan a acudir a su Palabra durante las diferentes etapas de su vida.

Pablo le recordó a Timoteo:

“Y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras…”
2 Timoteo 3:15

Timoteo había recibido enseñanza desde pequeño. Con el paso de los años, aquello que aprendió durante su infancia continuó formando parte de su vida y de su fe.

Este Mes de la Biblia, comienza con algo sencillo

Quizás en casa todavía no tienen la costumbre de leer la Biblia juntos. No necesitas comenzar con algo complicado. Escoge una historia. Léela con tus hijos. Hazles una pregunta. Oren juntos.

Y mañana, vuelvan a hacerlo.

Porque enseñarles a nuestros niños a acercarse a la Biblia no consiste solamente en ayudarlos a aprender versículos o recordar personajes. Es enseñarles dónde encontrar verdad, dirección y esperanza durante toda su vida.

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